A la salida del cole he recogido a los tres críos y, como todos los viernes, nos hemos ido a comer a casa de mi madre. Mis hijos corrían alborotados por la acera, haciendo una carrera para ver quién llegaba primero al portal de la abuela, atropellando a todo ser viviente que no les cediera el paso. Yo llegaba un minuto detrás de ellos con la lengua fuera, arrastrando el carro con el bebé y las tropecientas mochilas de los niños, agotada. Y entonces nos hemos encontrado con un vecino de mi madre.
Siempre voy con mi bebé a todas partes, en realidad no es sólo para lucirlo orgullosa, más bien lo utilizo para que me tape a mí y a mi pinta, que nadie me mire, que sólo se fijen en él, en lo guapo que es, en lo bonico que es, en lo simpático que es y a mí sólo me dirijan un fugaz saludo.
Pero este caballero no ha caído en la engañifa, no. Me ha mirado, ha dado un respingo y me ha soltado “¡Qué hermosa estás!” Por su expresión he sabido que no quería decir exactamente a guapa, preciosa o buenorra, sino que más bien se refería a esa manía que me acompaña a lo largo de las lactancias de mis hijos, algo así como hermosa de vaca lechera, que también son hermosas a su manera. Yo intentaba desviar su atención hacia el bebé “Es guapo ¿verdad? ¿A que está grande?” Pero no lo he conseguido y a continuación me ha dicho “Deberías cuidarte”
“Cuidarme… ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja ¿cuidarme dices? JA JA JA JA JA” es más o menos el ataque de histeria que me ha dado. Y el vecino de mi madre me miraba con cara de interrogante “Buaaaa, ¿Cuidarme? BUAAAA ¿Y cuándo me cuido yo? BUAAAAA BUAAAA BUAAAA BUAAAAA” entonces ha sido cuando se ha pirado asustado, creo que ni se ha despedido, y me ha dejado allí con mis tres churumbeles, conmigo misma y con esa sensación de… bueno, no quiero ni saberlo.
Este tipo es todo un lince con tacto cero. Pero si voy depilada, me he hecho el tinte, hasta me he cortado las uñas y voy vestida casi sin ninguna mancha. En serio, ¿qué más quiere? ¿Que pierda los veinte kilos que me sobran? Bueno, vale, tiene razón, pues un día de estos, cuando tenga un algo de tiempo para mí, igual me lo puedo plantear. Pero hombre ¿ahora? de verdad ¿eh?


