Siendo madre, esposa, hija, hermana, nuera, tía, cuñada, amiga, trabajadora... cómo mantenerme mujer.

lunes, 3 de octubre de 2011

Conversaciones profundas

Al igual que el resto de madres del mundo mundial, me preocupo por la educación de mis hijos, y de vez en cuando me asaltan esas terribles dudas que me hacen flaquear ¿estaré acertando? ¿lo hago fatal? ¿me equivoco continuamente? ¿alguna vez doy en el clavo? Y no por nada especial, no es que sea necesariamente insegura, pero es que tengo que estar lidiando continuamente con ellos y cuando creo que tengo ganada una batalla, basta que baje la guardia para que vuelvan a la carga y lo intenten de nuevo.
Una de esas veces que andaba un poco ofuscada, leí algo muy lógico sobre la comunicación con los hijos. No podemos pretender que cuando se encuentren con esa edad tan estupenda que es la adolescencia nos cuenten sus cosas, si en la niñez no les escuchamos. A mí me encanta comunicarme, así que me pareció que no era tan difícil y procuro conversar con mis hijos continuamente, hablando de cualquier tema que salga a relucir.

Conversación típica y repetitiva con mi hijo mayor.
- Mamá, ¿te apetece hablar de algo? - me pregunta a bocajarro.
- Claro, cariño. - Respondo mientras intento aparcar en un lugar inaparcable llegando tarde a donde sea, o mientras intento preparar la cena en cuestión de tres minutos... 
- ¿Y de qué quieres hablar? - insiste emocionado.
- ¿De qué va a ser?  de los Pokémon. - le contesto semi-convencida, todo sea porque se sienta cómodo mientras se pierde en la adolescencia.
- Vale - me dice sorprendido y encantado de que coincida con su tema favorito - A ver mamá, entre kakuna y poliwag ¿quién gana?
- Kakuna - respondo, al azar claro, que no tengo ni idea de lo que me dice.
- No, mamá, es poliwag, has perdido. Inténtalo otra vez. - qué bueno es, que me da otra oportunidad y todo.
- ¿Cuál es la evolución de Rattata? - pregunta de nuevo.
- Buf, creo que voy a tener que tomar rabos de pasa, se me ha olvidado. - ¿Cómo voy a acordarme de eso si no recuerdo ni el día de la semana en el que me encuentro?
Y así comienza con su desfile interminable de nombres impronunciables, todas sus evoluciones, sus ataques y movimientos, sus tipos y fortalezas. Y puede estar así, horas y horas y más horas hablando.

Típico intento de conversación con mi hijo pequeño.
- Cariño, ¿cómo lo has pasado en la granja escuela? - pregunto a la vuelta de su excursión.
- Muy bien mami - contesta feliz.
- ¿Has visto muchos animalitos? - sé que le encantan los animales.
- No mami - contesta decepcionado.
- ¿No has visto pollitos?
- No.
- ¿Ni gallinas?
- No.
- ¿Ni cerditos?
- No.
- ¿Ni caballitos?
- No.
- Hijo, ¿dónde te han llevado? - pregunto un poco preocupada. 
- A la granja escuela. - Contesta sorprendido.
- ¿Y no has visto ningún animal? - insisto.
- Sí, en una jaula.
- ¿Había jaulas? - igual no me he leído bien el papelito del cole y ha estado en el zoo.
- Con una ardilla - responde alegremente.
- ¿Y la ardilla estaba en la jaula? - pretendo llegar al fondo de la cuestión.
- No mami, estaba en el árbol - empieza a ponerse nervioso.
- Entonces ¿quién estaba en la jaula? - empiezo a ponerme nerviosa yo.
- Nadie, mamá. - fin de la conversación.
Y en seguida comenzamos con el siguiente diálogo de besugos, tras el cual llego a la misma conclusión de que no me he enterado de nada.

Yo que presumía de poder llevar una conversación de cualquier tipo, ahora va a resultar que esto de la comunicación con los hijos no es tan fácil como parecía. Si al final la adolescencia va a ser un latazo de todas formas y seguramente no me contarán nada que les inquiete de verdad, por muchas conversaciones imposibles que mantengamos en su niñez.

7 comentarios:

Annick dijo...

Estas conversaciones se iran haciendo cada vez más interesantes ...Dejalos crecen y aprenderas más que ellos .

Hace tiempo que no entraba en tu bloc ,; me gusta su nueva presentación .

Besos desde Málaga .

Camaleona dijo...

Annick, me alegra verte por aquí, yo también ando un poco desconectada :S
En realidad tengo conversaciones muy profundas con mis hijos, a veces creo que demasiado, pero otras muchas veces son así...

MPG dijo...

Las conversaciones con niños pequeños suelen ser raras, por no hablar de las veces que ellos quieren hablar y nosotras no tenemos "tiempo" o las veces que nosotras queremos hablar y ellos nos ignoran... que de todo hay en la viña del Señor.... Yo soy de las que pienso que se ha de hablar, pero no tengo tan claro que hablando de pequeños en la adolescencia.... yo aún es ahora que ciertas cosas no las comento con mi madre, en cambio si con mi padre... eso va según el carácter del que tienes delante.....

Loren Simón dijo...

De cualquier manera hay que escucharles siempre desde el cariño, desde la implicación, desde el amor, olvidando nuestras obligaciones cuando ellos te piden atención, el tiempo pasa y mantener la complicidad les da seguridad, fuerza para crecer como personas y bases para su desarrollo como adultos buenos, independientes y autosuficientes, que como padres es la misión que debemos intenta conseguir.
Un abrazo

Carlos dijo...

Desde que me mudé mi día a día pegó un cambio radical al que me está costando adaptarme pero aunque quedaron atrás blogs que leía es solo cuestión de tiempo que me ponga al día :)

Me alegré de ver tu comentario y ya ves este caos que tengo, o mejor dicho cabecina :), que ahora caigo en ello, pero volveré para leer y comentarte. Y siiii, que vuelva la lluvia pero no el diluvio! :)

Un abrazo y feliz noviembre!

encantadadelavida dijo...

Espero que tu esfuerzo ahora te sirva de verdad en la adolescencia. Pero recuerda: entonces te hablarán de música, ropa, deportes y la vida social.... de los demás :D

Amalo dijo...

Ser un adolescente no significa el fin de conversaciones interesantes. Solamente hay que saber comprender el momento en el que esas conversaciones van a salir.
Es decir, un adolescente, muchas veces necesita hablar con alguien de confianza de tonterías, igual que habla con la misma persona de algo mas serio. Tambien puede ocurrir que mientras tienes esa conversación te tengas que convertir en un pañuelo agradable para que las lagrimas caigan sobre ti. A un adolescente le pueden entrara ganas de saltar como un loco en cualquier momento, igual que puede caer en una depresión por una tontería. Tu solamente tienes que comprender cuando un adolescente necesita apoyo y cuando necesita tranquilidad y soledad para pensar, y al terminar de pensar, tu solamente tienes que ser una hoja en blanco donde el pueda expresar todo lo que piensa. Lo digo por experiencia. Saludos.

este es el diario

de una madre, esposa, hija, hermana, nuera, tía, cuñada, amiga, trabajadora... que intenta seguir siendo y sintiéndose MUJER