Siendo madre, esposa, hija, hermana, nuera, tía, cuñada, amiga, trabajadora... cómo mantenerme mujer.

miércoles, 16 de mayo de 2012

El baúl de los recuerdos

No sé qué fuerza superior me obligó a abrir el baúl de los recuerdos en este momento de mi vida, ¡total! mis recuerdos llevaban tropecientos años encerrados y tampoco reclamaban mi atención con mucha insistencia. Bueno, en realidad sí sé qué fuerza me obligó a ello. Es el bicho que crece en mi interior que a estas alturas todavía no tiene su espacio en esta casa de no-llega-a-noventa-metros-cuadrados-sin-garaje-ni-trastero. A dos meses de nacer, mi instinto hace su papel y me entra el síndrome del nido por el que, sí o sí, tengo que ponerme a preparar un lugar en el mundo a mi cachorro.
Así que el fin de semana empecé a hacer los armarios en plan “lo tiro todo porque aquí ya no cabe nada”. Todo iba fenomenal, hasta que encontré en el altillo de un armario el baúl con todas las cartas y postales que he recibido a lo largo de mi vida y con los diez diarios soporíferos con los que me consolé en mi juventud. Miré el baúl, de ahí no se había movido en once años, jamás lo había abierto hasta el momento, respiré hondo y lo bajé, esparcí todas las cartas encima de la cama y empecé a leerlas para ver qué me quedaba y qué tiraba.
Había cartas de personas muy importantes para mí en aquel momento, y con las que no recordaba haber mantenido correspondencia. Había cartas que en su momento leí doscientas veces y aún me acordaba de memoria. Las cartas de mi amiga del alma, aquella que decidió abandonar antes de tiempo. Cartas de gente que ni recuerdo quiénes son, tuve que preguntar a mi hermana, ella sí que se acordaba. Otras cartas que no tuve valor de leer. Y otras que volví a leer para recordar porqué decidí ser quien soy. Cartas de los monitores de campamento, y de cuando yo fui monitora. Cartas de compañeros de clase. Cartas de los amigos del verano. Cartas de mis amigas. Cartas de mi hermana cuando estuvo en Alemania. Cartas de aquellos chicos que estaban locos por mí y me escribían poesías o sólo cartas extrañas imposibles de descifrar. Cartas de mis amores platónicos, aquellos a quienes nunca declaré mi amor. Y cartas de mis amores, aquellos a quienes sí les declaré mi amor. Cartas en las que me pedían consuelo o risas. Cartas en las que me contaban sus amoríos. Cartas de gente con la que nunca hablé. Cartas que me hicieron mucho daño y cartas que me hacían reír. Cartas sin sentido. Cartas de gente buena y honesta y otras de gente mala malísima. Cartas de Salamanca, Valladolid, Alicante, Ceuta, Madrid, Barcelona, Zaragoza, Albacete, Córdoba, Granada, Castellón… Cartas de El Congo, Londres, Colonia, Bosnia... Aquella última carta, y también la carta que escribí yo. Y las cartas de aquel chico que se convirtió en mi marido, las que nos escribíamos cuando todo empezó. Me impactó conocer, con las palabras de entonces, cómo nació nuestra historia.
Y en ese momento entró mi marido en la habitación, él que pensaba que estaba tranquilamente haciendo armarios y me encontró rodeada de letras, sentimientos, palabras, anhelos, frases, decepciones, rodeada de otras vidas... Me miró, me vio. La nostalgia y la euforia se mezclaron con las hormonas y me eché a llorar entre sus brazos. Por suerte le elegí a él, que tiene la habilidad de convertir en cómicas las situaciones que yo me esfuerzo en hacer trágicas. Me vi reflejada en sus ojos y las lágrimas se convirtieron en risas. Eso es lo que me enamoró perdidamente de él, no me canso de reír a su lado.

8 comentarios:

Rebeca dijo...

La que se ha puesto a llorar soy yo contigo, ¡qué bonito Camaleona! compartiste muchas cosas parece, y dijiste y te dijeron muchas palabras, pero lo mejor de todo, es llegar a un punto en que sabes que tomaste la mejor de las decisiones.

Estrella dijo...

Es toda una declaración de amor a tu compañero de vida!!!

Palmoba dijo...

Ah si!! tener a alguien al lado que siempre te haga reir no tiene precio!!

encantadadelavida dijo...

Se debió quedar bastante flipado, pero me alegro tanto, tanto de que se cruzara en tu vida... Y tanto, tanto de que lo eligieras a él...

Yandros dijo...

A las mujeres os encanta que os hagan reir. Mi mujer siempre me dice que es una de las cosas que más le gustan de mí. Y es que sois tan dramáticas...jajajajaj La vida es mucho más divertida!
Abrazos

Camaleona dijo...

Rebeca, la verdad es que escribí montones de cartas y recibí otras tantas. Todavía no he conseguido deshacerme de esa sensación de melancolía después de leer todo aquello.

Estrella, espero que así se lo tome.

Palmoba, sí, porque la risa nos libera de un montón de malos rollos.

encantadadelavida, pensaba que me encontraría feliz clasificando ropa por colores o por tamaños o por tipos... pero no, allí me encontró con todos esos recuerdos. Ya me imagino ya, que te alegras muchísimo de que sea él quien está en mi vida :)

Yandros, entonces tu mujer también debe sentirse muy, pero que muy, afortunada. Me alegro por vosotros.

Annick dijo...

Es siempre un enorme placer leer tus entradas .Nos devuelven a la realidad de la vida .
Todavía me recuerdo la primera vez que entre en tu blog ( que es como tu casa )...estabas peleando que una lavadora , todavía me río .
Se te ve feliz ; me alegro un monton .
Besos desde Málaga.

Camaleona dijo...

Annick, me alegro de volver a leerte. Sí, estoy muy feliz, bueno ahora mismo un poco agobiada del calor :P pero feliz :)

este es el diario

de una madre, esposa, hija, hermana, nuera, tía, cuñada, amiga, trabajadora... que intenta seguir siendo y sintiéndose MUJER